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“El Estado peruano está perdiendo la vergüenza sobre lo que hace con cada sol que le damos”

Hugo Santa María - Socio y economista jefe

05/02/2026

Entrevista en Gestión.

Un año electoral es uno de los momentos más pertinentes para analizar el fenómeno de las “cuerdas separadas” entre la economía y la política. Aunque distintos analistas consideran que hay “divorcio” en el Perú, Hugo Santa María, socio y economista jefe en APOYO Consultoría, apuntó que hay matices.

Además, criticó severamente la eficiencia de las inversiones que viene realizando el Estado, desde hace años, tanto a nivel del servicio público, como el desarrollo de infraestructura.

La economía creció alrededor de 3% en el 2025 y se estima que repetiría ese resultado este año de elecciones. ¿Cómo evalúa esta situación? ¿Cuál es el lado positivo de esto?

Si nada catastrófico ocurre en las elecciones, creceremos más de 3%. Y, la variable que más me gusta ver, la demanda interna, lo haría en casi 4%.

Consultados nuestros clientes sobre las estrategias que implementarán en el periodo electoral, un porcentaje realmente bajo, solo entre 15% y 16%, dicen que pondrá algunas acciones en stand by: desacelerar la inversión o la contratación de personal.

Entonces, una actitud en los inversionistas de esperar o desacelerar no la vemos tan difundida como en procesos electorales previos.

¿Y cuál es el lado negativo?

El impulso de los precios de exportación es muy importante, es mucho mayor, por ejemplo, al que ha recibido Chile u otros vecinos.

Entonces, [el punto central] es que crecemos, pero debería ser más. Con estos niveles de precios, y una política y Estado mínimamente funcionales, Perú podría haber llegado a [crecer] un 5%.

¿Qué puede decir sobre la gestión del presidente José Jerí y las acciones sobre la economía?

[El presidente] dio una buena primera impresión, pero después se fue deteriorando. En lo económico, un mérito de su equipo fue recuperar en las conversaciones el valor de algunos temas que se habían perdido: resaltó la importancia de la inversión privada y del trabajo conjunto entre Estado y privados ante la brecha de infraestructura.

Además, inició el larguísimo camino –ojalá que termine– para solucionar la hemorragia de Petroperú, y puso sobre la mesa la necesidad de mantener un manejo fiscal ordenado y protegido de la influencia política.

¿Cómo ha golpeado o podría golpear el ánimo de los inversionistas el nuevo escándalo (“Chifagate”) que involucra al presidente?

Percibo a los empresarios, a los que operan aquí y a los que lo siguen de afuera, tomando todo esto con bastante calma. En los últimos años vivimos permanentemente en crisis política. Dicho de otra manera, estamos “estables” en inestabilidad política.

Como una “normalización” del deterioro político…

Normalizar suena a que la situación se ve con indiferencia y no lo creo. Lo que creo es que se ve con calma: manejan distintos escenarios y reconocen que no se pueden quedar parados, ni personas ni empresas, a esperar que las cosas se solucionen. Hay que seguir avanzando. Es como una aceptación de que esta es la cancha en la que nos toca jugar.

¿Las elecciones ya escalaron como preocupación?

Si bien es el elemento externo que más les preocupa a los inversionistas, las expectativas siguen positivas. Tanto las empresas como las personas han decidido seguir avanzando y no esperar a que el Perú se arregle.

El Índice de Confianza del Consumidor de APOYO Consultoría presenta que el porcentaje de las familias que piensa que su economía va a mejorar está en un nivel muy alto, comparado con el histórico. Sin embargo, el porcentaje de personas que piensa que el Perú va a mejorar, sigue bajo. Hemos separado nuestro propio optimismo respecto al del país.

Aunque suele ser una pregunta recurrente, a estas alturas parece ya no parecer tan claro: ¿economía y política van por cuerdas separadas?

Hablamos de la calma electoral y cómo la política se ha divorciado de la economía, pero hay matices: ese divorcio es muy aparente. Responde a la estabilidad macro, pero no con capacidad del país para crecer. Estamos resignándonos a que tenemos un país que resiste, que es resiliente, pero tenemos que aspirar a tener un país que avanza más rápido.

Regresando al panorama fiscal, se logró la meta del déficit. Si bien para lograrlo hubo algunas medidas de austeridad, ¿se orientaron bien o pudo hacerse más?

Se busca dar señales correctas. Si hacemos sumas y restas, [las acciones realizadas] son de bajo impacto, pero el mensaje es correcto. Más allá de ajustes fiscales, para el manejo que hace el Estado de nuestro dinero se requiere, primero, un choque institucional enorme para protegerlo nuevamente de la politiquería.

También se necesita un choque de eficiencia gigantesco. No solo seguir el porcentaje de ejecución. Necesitamos un Estado que recupere un poco de responsabilidad y vergüenza frente a sus ciudadanos.

Cumplimos la meta [de déficit] porque la recaudación que recibimos por los precios de metales altos fue muy fuerte. Además, aumentó el gasto corriente, pero “trituramos” el gasto en inversión.

En Gestión identificamos que, de cada S/ 100, el Gobierno central destina solo S/ 17 para el rubro de obras.

Se está dirigiendo el gasto a algunos ámbitos, pero sin mejorar el servicio. El sector público recibe aumentos, pero no se ve una mejora en el trabajo que hacen. Siento que el Estado peruano está perdiendo un poco la vergüenza sobre lo que hace con cada sol que los peruanos, con mucho esfuerzo, le damos.

Moody’s le rebajó la calificación crediticia a Petroperú, en medio de su proceso de reorganización. ¿Cuál es su lectura?

Se ha dado el primer paso en una carrera larga, difícil y sobre la que no sabemos la ruta. El inicio es positivo, pero todavía todo está en planeamiento. Estamos lejos del final de este esfuerzo. Además, veo varios riesgos: se han presentado proyectos de ley para blindar a Petroperú de esta reestructuración.

En Gestión identificamos que son 12 proyectos de ley…

Hay un gran riesgo de politización. Hay mucho interés en una empresa que ha sido usada como “caja [chica]” para personas otorgándoles beneficios inauditos en un contexto de toma de decisiones terrible. Con el dinero que hemos gastado, podríamos haber hecho buena parte de la nueva Carretera Central o avanzar en otra línea de metro. El costo de oportunidad es gigantesco.

¿Cuál es la preocupación?

Petroperú tiene bonos en el mercado. ¿Cómo esta reestructuración, en plan y ejecución, conversa con los bonos que tiene? El informe de Moody’s ya insinuó sobre ese riesgo.

Mencionó al proyecto de la nueva Carretera Central, que viene siendo noticia por la reducida asignación de su presupuesto…

Todas las disfuncionalidades del Estado peruano que hacen que la inversión en infraestructura progrese tan lentamente no se han solucionado. [Darle alguna solución] podría ser una buena herencia de este Gobierno. Pero, el caso de la carretera y otras obras reflejan una continua disfuncionalidad.

Pasando a otra gran preocupación en el país, ¿en sus conversaciones con empresas perciben una mejora de la seguridad ciudadana?

Para las empresas y los peruanos continúa siendo la preocupación número uno. Esto trasciende al periodo electoral y, a su vez, es la primera demanda [de la población] a los candidatos a la presidencia.

Esto evidencia que no hubo medidas efectivas gubernamentales al respecto…

Los números que circulan de distintas instituciones, casi todos, indican que no se ha logrado, al menos, quitarle la velocidad o desacelerar, la criminalidad.

Pero el optimismo sobre la economía se sobrepone. Puntualmente, ¿qué factores destacaría que explican este escenario?

Si hablamos de lo concreto, [lo que se destaca] es la inflación baja, controlada y predecible, así como el tipo de cambio controlado, un sol fuerte y estable. Hay pocas cosas más antipáticas para un inversionista extranjero que perder dinero por el tipo de cambio.

Sin embargo, diría que no hay que dejarse deslumbrar por la buena macro. Es indispensable para comenzar a progresar, pero no es suficiente. Estamos tan bien en la solidez macroeconómica que nos olvidamos un poco de la degradación del funcionamiento del Estado en aspectos básicos, por ejemplo.

Estos indicadores están relacionados a la gestión del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). ¿Preocupa a los inversionistas un eventual cambio en la presidencia?

Es gestión del BCRP, pero no solo de ellos. Hay un sentido común en favor de la disciplina fiscal que se gatilla. Por ejemplo, apenas nos debíamos un poco de [la meta del] déficit y el Consejo Fiscal alerta.

Dicho esto, sin duda, la figura de Julio Velarde es fundamental. En algún momento se va a retirar, pero ha liderado una institución que es de clase mundial. El secreto de la fórmula está en que se trata de una institución sumamente fuerte.

En Gestión revisamos las propuestas tributarias de los casi 40 candidatos presidenciales: algunos buscan reducción y hasta eliminación de impuestos.

Creo que es una mala idea. Hay muy poca evidencia. En contiendas pasadas, se discutió reducir el IGV para promover la formalización y aumentar la recaudación. Eso es una ilusión. El Perú no necesita seguir manipulando las tasas, sino ampliar la base tributaria: controlar exoneraciones, tratos preferenciales, etcétera. Si se otorga [una reducción de las tasas], debe ser cumpliendo con condicionamientos. Es fundamental no agujerear más nuestro marco tributario que ya lo está bastante.

Otro tema en los planes de gobierno es la discusión sobre el número de ministerios. Varios apuntan a su reducción. ¿Hay espacio para una medida así?

Sí. Perú tiene un número alto de ministerios. Pero, sinceramente, los peruanos gastamos un montón de energía en normas que se ven muy bien, pero no les damos vida. El reto es avanzar hacia un Estado funcional. Con un número “X” de ministerios, pero apuntando a que se ordene, por ejemplo, la obra pública, que está tan fragmentada.

Sobre el desarrollo de infraestructura, estamos limitados fiscalmente. ¿Qué opción resultaría la ideal?

El menú de opciones es amplio. Desde la administración directa, los G2G, asesoramiento público-privado, las APP pueden ser autosostenibles o financiadas. La brecha de infraestructura es gigante, las intenciones son enormes y el espacio fiscal es limitado. No hay espacio para todo. El Estado decidirá qué combinación es mejor y ahí, obviamente, las obras autosostenibles lo son. Pero, realmente, la pregunta aquí es: ¿cómo hacemos para que operen en un plazo razonable?

En conversación con Gestión, Hugo Santa María, socio y economista jefe de APOYO Consultoría prefiere ver el vaso “medio lleno” cuando comenta sobre las cifras económicas del Perú. Sin embargo, hay un asunto que le preocupa cada vez más: la criminalidad.

La economía nacional se ve resiliente, pero ¿hasta cuándo podrá resistir? Santa María intenta dar una respuesta en un contexto donde el mundo premia al Perú con altos precios de las materias primas, pero desde el lado interno hay varias preocupaciones.

La economía peruana marcó un crecimiento de más de 3% en el primer semestre, pero las condiciones deberían permitir un mayor ritmo. ¿Qué observa?

Prefiero ver el vaso medio lleno. Perú es una economía que se sigue recuperando. Es verdad que las condiciones externas son favorables ahora, con los mejores términos de intercambio en muchísimos años, pero las internas están muy complicadas. A pesar de ello, se crecerá en alrededor de 3%.

¿Qué estimado tienen desde APOYO Consultoría?

Estamos décimas por encima del 3% (para este año)

Es decir, están en el margen pesimista del rango del Gobierno, de entre 3% у 3.5%…

Sí, pero creo que más importante que la cifra del PBI son algunos indicadores: el crédito ha comenzado a crecer, los ingresos laborales del sector privado formal aumentan, el índice de consumidor está recuperándose, siempre con diferencias y con matices. Veo una economía en moderada recuperación. Sí, debería estar mejor y más aún con un Estado mínimamente funcional, pero lamentablemente ese Estado no acompaña y hoy día es una traba enorme al crecimiento del sector privado.

¿Cuál es el mayor pasivo o herencia que dejará Dina Boluarte?

Creo que no deberíamos personalizarlo en la presidenta, sino más bien en toda la carga de la crisis política de los últimos años. Primero, hay una degradación de la política en general y del funcionamiento del aparato estatal también.

Hoy el gasto público, frente al 2019, creció en más de 40%, pero los indicadores no mejoraron: anemia en niños, logros escolares, colegios como infraestructura mínima. Basta ver los servicios públicos, en general, de que cada vez estamos peor. Estamos gastando más visto como presupuesto público y no estamos logrando nada en mejora de resultados.

Hay un evidente gasto ineficiente…

Y preocupa mucho que, más allá del nivel del déficit fiscal, cómo se está orientando el gasto hacia el ámbito corriente: remuneraciones. El actual proyecto de presupuesto contempla un aumento de gasto corfiente de 12% en remuneraciones, pero la inversión pública cae. Tenemos que mantener el déficit controlado, pero lo estamos haciendo de la manera incorrecta.

El gasto tributario estimado para el 2026 es de más de S/26,300 millones. ¿Debe preocuparnos?

La mayoría de estos gastos son el reflejo de presiones políticas, producto de algún tipo trato preferencial tributariamente. Son muy pocos los que han funcionado. Creo que lo que hay es populismo político y el costo principal no es solo la recaudación perdida, sino otros dos asuntos.

El primero, todas las distorsiones que genera la economía y, el segundo, creo que hacen perder el tiempo porque generan la ilusión de que se está haciendo algo por el desarrollo del país y, la verdad, no ocurre.

Continuando la línea tributaria, ¿cómo ve el rol de la Sunat en la recaudación?

Desde hace 20 años, al menos, la discusión es ampliar la base tributaria y no se da. Veo una administración centrada en recaudar siempre de los mismos. Un problema que percibimos entre las empresas con las que hablamos es de la poca predictibilidad y hasta algo de arbitrariedad de la Sunat.

Desde el Ministerio de Economía y Finanzas se dijo que la Sunat cobrará «todo lo que pueda cobrar», incluyendo acciones penales. ¿Considera adecuado ese camino?

No. Para quienes pagamos impuestos diría hasta que ofende un poco. Lo que tienen que hacer es pensar en que más empresas y más peruanos contribuyan, mejorar la fiscalización en algunas zonas oscuras. El problema no está en cobrarle más a los que ya pagan, sino en tratar de que más lo hagan. Ese es el problema principal y no agujerear el marco tributario que tenemos con exoneraciones tributarias.

¿Esto termina desalentando el ingreso de nuevos capitales?

Sí. Lo más complicado es la incertidumbre, que la administración del marco tributario tenga poca predictibilidad. Eso es lo más complicado. Ninguna empresa hace negocios en ningún lado para pelearse con la autoridad tributaria y estar pendiente de un juicio. Todos quieren hacer negocios con reglas claras y pagar los impuestos que corresponden.

Otra entidad que estuvo envuelta en «polémicas» fue la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN)…

Es otro reflejo de la disfuncionalidad de nuestro aparato estatal. Hoy hay un claro riesgo de que queden obras de prevención de desastres paralizadas. Si se deja a medio hacer, pasa la temporada de lluvias y ya se partió todo. Cuando ves el conflicto (por el presupuesto) es entre una mano del Estado contra la otra mano. Por eso algo que le podría cambiar la cara al Perú es tener un Estado que mínimamente funcione.

¿Cuáles son las expectativas sobre el manejo de la propuesta de presupuesto público con este Congreso en particular?

Va a ser un presupuesto lógicamente más alto que el año pasado, pero me preocupa la mezcla de cómo se está restringiendo la inversión en infraestructura para atender la presión de gastos corrientes. Esa orientación política me preocupa.

¿Diría que por un lado va el Legislativo y por otro el MEF?

Vamos a tener que estar atentos a algo más de impulso de populismo regulatorio (por parte del Congreso). Un tema que no quisiera que suceda, por ejemplo, es un nuevo retiro de fondos privados de pensiones.

En este contexto, esperaría que la agenda del MEF en este año esté concentrada en evitar más perforaciones al marco tributario o evitar el retiro de los fondos de las AFP. Además, (el MEF) debe tratar de apoyar al Minem para que la ley de formalización de la minería salga.

Quisiera ver ahora un MEF muy concentrado en tener una transición política, mantener las cuentas controladas y ojalá dejarle flexibilidad al próximo Gobierno también.

¿Cómo ve el 2026?¿Qué expectativas hay?

Quiero ver el 2026 como una oportunidad de que estemos mejor. Sé que lo más ‘sexy‘ es ser pesimista, decir que todo va a ser un desastre, pero ya hemos pasado por test bien duros en elecciones y la economía del país ha demostrado ser bien resistente.

No digo que somos la mejor economía del mundo, pero somos resilientes. Ahora, ‘resistencia’ no te alcanza para mejorar condiciones de vida de los peruanos, pero siendo optimistas, vamos a llegar mejor parados que el 2021.

En general, las economías ilegales ya están registrando cifras mayores que las actividades formales. Además, la criminalidad avanza…

Conversando con las empresas con las que tenemos mucho contacto, refieren que es un problema importante no solo por los costos de seguridad directos, sino -por ejemplo- en el caso de empresas cuyos negocios dependen de distribución masiva ya tienen problemas para entrar a ciertas zonas de Lima.

Ahora bien, algo que nos preocupa mucho es la curva de crimen violento, tomando experiencia de países como México y Ecuador: en los últimos años, tenían una tendencia creciente, no tan alarmante, pero hay un momento que explota y pasa de una tendencia moderada a acelerarse el crimen.

Perú todavía está en el momento en que el crimen crece gradualmente, pero esta curva podría «explotar» y hay zonas, como Pataz (La Libertad), donde la incidencia del crimen ya es más alta que en Ecuador. A la criminalidad se le tiene que atacar ya porque, según se ve en otros países, cuando da la tracción no la puedes parar.

Parece no haber celeridad para tener medidas concretas contra la inseguridad…

En general, veo indolencia de las autoridades en relación con los temas del crimen y de servicios al ciudadano. El problema principal para los peruanos hoy en día, cuando preguntas en las encuestas qué es lo que más te preocupa, es la inseguridad.

Veo indolencia no solamente del Legislativo, sino también del Gobierno en estos asuntos. Seguridad ciudadana es un servicio público. Veo indolencia en cómo se deja pasar esto y no solamente tenemos el número dramático de personas que mueren, sino de personas que no pueden trabajar. No pueden laborar porque están amenazadas por el chantaje, el «gota a gota», la extorsión, el cupo.

¿Hoy la inseguridad es la primera respuesta que le dan a APOYO Consultoría? Antes, ¿cuál era?

Antes (la inseguridad) no aparecía. Recuerdo muchas elecciones, siempre las demandas ciudadanas estaban dominadas por los temas económicos. Incluso en la elección del 2021 se hablaba del cambio de la Constitución. Pero, actualmente es la seguridad.

¿Desde hace qué tiempo ya se percibió esto?

Dos, tres años. Más del 50% de los peruanos (pide) seguridad y es muy fuerte en todos los niveles de su economía.

Fuente: https://gestion.pe/economia/hugo-santa-maria-de-apoyo-consultoria-el-estado-peruano-esta-perdiendo-la-verguenza-sobre-lo-que-hace-con-cada-sol-que-le-damos-noticia/

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