Censura y desorden dejan a un Ejecutivo débil en medio de una campaña electoral marcada por la incertidumbre y con margen para reacomodos tardíos
La censura de José Jerí volvió a confirmar que el poder puede reordenarse desde el Congreso con rapidez y bajo incentivos electorales de corto plazo. El episodio funcionó como un recordatorio de que, cuando el costo reputacional se vuelve alto, las bancadas reacomodan posiciones sin necesidad de una coalición programática detrás, basta una suma de cálculos defensivos, desmarques oportunos y rivalidades cruzadas. El escenario base sigue sin apuntar a una ola de movilización social comparable a momentos previos, pero el costo acumulado es más silencioso y corrosivo, alimenta el apetito por relatos anti-establishment y vuelve más frágiles los pactos mínimos que sostienen gobernabilidad.
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Michel Cotrina
Analista senior